Este artículo ya fue publicado en la revista viajes de la tercera.
La empresa para la que trabajaba organizó una reunión de trabajo en la ciudad de Viña del Mar, específicamente en el Hotel O´higgins y en mi calidad de jefe de oficina en el sur de Chile me tocó asistir.
El viaje había sido agotador mas, la primera reunión de la tarde fue un verdadero suplicio, ya que sólo pensaba en la acogedora cama del hotel. A la reunión prosiguió una agradable cena, que en alguna medida disimuló el cansancio que traía a cuesta. Solicité permiso a mi superior para ausentarme de la conversación de sobremesa y me fui a mi habitación. Una vez duchado y leído el periódico de la tarde, caí rendido en los brazos de Morfeo.
Como si fuese un sueño muy lejano, escuché reiterados golpes en la puerta, aun con los ojos cerrados, como en tinieblas, divisé la llave de la habitación sobre el velador, había dejado a mi compañero de cuarto afuera.
Como llevado en una nube me levanté, abrí la puerta y como “alma que lleva el diablo” entró mi compañero raudamente en dirección al baño.
No recuerdo de qué forma, ni en qué momento la puerta se cerró. Conmigo en el pasillo del Hotel, vestido solamente en slip y camiseta. Ahí estaba, mientras algunos “vecinos” entraban a sus habitaciones, mirándome con una risita burlona. Ahora vivía la otra cara de la moneda, era yo, el que tocaba insistentemente la puerta.








Literalmente tu amigo te cagó!
Saludos
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Juamp(i)
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